EsTAbA En LLaMas CUaNDo mE aCOSTé...
"La noticia apareeció en un periódico sensacionalista..." Así comienza, con una sensual voz femenina y acento argentino, la primera canción de uno de los discos más concept que he escuchado en los últimos años. Se trata del "Say No more" de Charly García, un álbum que sé divide a los fanáticos del mostacho bicolor.
La verdad, este disco fue el fruto de una banda sonora encargada a él: en esa época Charly estaba obsesionado con las mezclas de diferentes capas sonoras y buscaba nuevas texturas en sonidos que iban desde la naturaleza hasta los mensajes en un contestador. La peli que iba a compañar estas canciones al fin no se produjo, por lo que Charly decidó completarla y sacarla en forma de disco.
Es un trabajo muy desigual, muy "frito", tal como estaba Charly en esa época (la de pintarse de plateado con aerosoles, pintarlo todo a su alrededor, etc)... Tal vez fue el comienzo de esa crisis que tuvo en Mendoza hace como dos años, una carrera frenética para asir lo inasible: el ser a partir de la música.
Hay piezas hermosas, digeribles, otras absolutamente extrañas, que continuaban con su ópera rock (el trabajo previo) la "Hija de la Lágrima". Hay secciones de cuerdas generosas y percusiones menores (como la que pongo a continuación, "Say no More"), temas con doble batería ("Cuchillos", inmortalizada después en el "Alta Fidelidad" junto a la legendaria Mercedes Sosa), juegos de voces que "chocan" o se difuminan, llevándose toda la lógica de lo que es una canción de rock, como es el caso de "Casa Vacía" o "Necesito un gol" (última colaboración junto a su "hijo" musical, Andrés Calamaro, antes de un lío de faldas ya superado). Pero en todas ellas las letras, ahora más minimales, son reiterativas girando sobre el eje narrativo de su propia soledad, como en el tema que da nombre al álbum:
En este álbum como nunca Charly aprovecha lo "aguardientoso" de su nuevo tono de voz: se llega a doblar hasta tres veces en los coros, capas y capas guturales... Pero más allá de la potencia perdida, alcanza a expeler esa sensación de vacío y tristeza que, en el más puro espíritu tanguero, ya son una marca en él. El finado Pichenvsky en el violín, la desaparecida María Gabriela Epumer en las guitarras y el incansable Fernando Samalea en la batería, fueron su banda en este disco caótico para el que no lo conoce, de difícil digestión, del que me parece se necesita estar triste para poderlo degustar, algo así como una banda sonora para revolcarse en la propia tristeza: ya deprimido, pues deprimirse más hasta que se pase y luego, "No digas más".
Hay en ella una canción que podríamos calificar de "positiva" o vigorizante: aún así, tiene un sabor nostálgico, tanto la música como la voz de Charly. Recuerdo con cariño esta melodía, pues la primera vez que lo iba a ver en vivo en mi vida (en "El Campín", ¿tal vez en el 98 ó 99? con Fito y Mercedes) la cantó. Casi todos los que fueron esperaban que cantara las clásicas, las únicas que se sabían: "Los Dinosaurios", "No voy en tren", etc... Pero Charly, botella de whiskey en la mano, luego de empezar cuatro o cinco veces la misma canción, de patear micrófonos, de tocar todos los instrumentos en el transcurso de la misma canción, no quiso... Y empezó a cantar "Canciones de Jirafas", casi como si telepáticamente hubiera escuchado mis plegarias y ruegos, a dos metros del escenario (fui solo, por eso conseguí tan buen lugar a última hora), en medio de parejas que solo querían oir las de Sui Generis...
Cuando empezó "No tengo nada/que decirte/solo "Hola /¿cómo estás?", quería morir allí, si alguna vez sentí una epifanía en mi vida, fue allí... Como diría Kikito Iglesias (así lo llamó Charly esa vez, pidiéndole a la audiencia que no fuera al concierto del vástago de Julio, se presentaba a la semana siguiente), fue una Experiencia Religiosa. Aunque pueda sonar superfluo, fue una de los quiebres en mi vida, mi catarsis musical... Toda mi adolescencia, las tardes solitarias de domingo, los aburridos viernes en la noche, la música de Charly me estuvo acompañando... sabía que había vivido para ese momento, para ver a Charly cantando, entonando ante un estadio mudo, la canción para una jirafa:
Ahora está recuperado, listo para seguir en el combate... Creo que en el fondo, al igual que yo, sigue preguntándose por aquello que nos hace levantarnos cada mañana de la cama a seguir viviendo (parafraseando a Sábato)... Para él, seguramente será su música... para mí, uno de esos alicientes es Su música, el hipotexto de sus letras, de las pocas que me sacan del letargo en el que parece vivir mi corazón, tal vez en la misma posición que él tiene en la portada de "Say No More":
Su música irá conmigo a donde vaya, tal como el retrato que me regaló hace ya seis años mi querida Sandra Rengifo, su último trabajo como artista plástica y que llevo conmigo a todo lado... Charly... tan sencillo que hace ver las cosas complejas...
Canciones de Jirafas
No tengo nada que decirte
Sólo: hola, ¿cómo estás?
Yo sé que nada
Va a pasarme
Solo el viento...
Ellos no saben
No saben qué verán
Sólo caras...
Caras viejas.
Ven, ven hasta la casa
Estoy haciendo una comida nueva
Yo te quería, pero ahora te quiero más
Es sólo el aire que me hiciste, hiciste, hiciste, hiciste...
¿Qué pasa?
¿Qué estoy haciendo acá?
Canciones de jirafas...
Con el cuello hasta acá
Sólo: hola, ¿cómo estás?
Yo sé que nada
Va a pasarme
Solo el viento...
Ellos no saben
No saben qué verán
Sólo caras...
Caras viejas.
Ven, ven hasta la casa
Estoy haciendo una comida nueva
Yo te quería, pero ahora te quiero más
Es sólo el aire que me hiciste, hiciste, hiciste, hiciste...
¿Qué pasa?
¿Qué estoy haciendo acá?
Canciones de jirafas...
Con el cuello hasta acá

Mi "Experiencia Religiosa" con Charly fue en el 2003 en el DF, México, exactamente el día de mi cumpleaños número 25. Mejor celebración, imposible. Guardo la boleta y los mejores recuerdos de ese momento orgásmico. Abrazos Dieguito.
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