Después de muchos años, voy a recuperar este blog, ahora como repositorio de los trabajos que, semanalmente estoy presentando en la asignatura TEORÍAS DE LAS CIENCIAS SOCIALES, COMO PARTE DE MIS ESTUDIOS DOCTORALES... EL LÍMTE SIEMPRE SERÁN 2000 PALABRAS... AQUÍ EL EJERCICIO FUE CRUZAR LAS METODOLOGÍAS DE JOHN SEARLE & MICHAEL FOUCAULT... PARA ELLO ESCOGÍ A UNA DE MIS BANDAS FAVORITAS :d
violencia
es mentir:
Un ejercicio de poder de la élite
y la respuesta contracultural de patricio rey
Somos el miedo
de los gobiernos que mienten en nombre de la verdad. El miedo del poder
militar, económico y jurídico que impide la comunicación humana pueblo a
pueblo.
Carlos “Indio” Solari
Mini exordio
En Argentina, la cultura rock
hace parte integral de su identidad nacional; esto es fruto, principalmente,
del papel que ha jugado desde el último golpe militar (1976) como vehículo de
representación y ha permeado las más diferentes prácticas sociales: son una
“institución” dentro de la cosmogonía cultural[1].
Vale decir que el Rock incluye
unas creencias y prácticas que van desde la estética hasta las líricas. Hay
abundante bibliografía sobre su papel en la configuración social y simbólica
argentina. Un caso especial es el “Fenómeno Ricotero”: se trata de la relación
permanente, creciente y codificada que aún existe entre la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y
su devoto público.
¿Quién es Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota?
Son, discutiblemente, la banda
más popular en su país, pero curiosamente, muy desconocida (de manera
intencional por parte de ellos) fuera de Argentina. Liderada por el cantante y
compositor Carlos Solari (“Indio”) y el guitarrista Sky Beillinson, se fundó en
1976 y se disolvió en 2001.
Como parte de un discurso
contracultural, Los Redondos siempre mantuvieron una filosofía de independencia
de los estándares de la industria: nunca compartieron escenario ni hicieron
videoclips; las entrevistas que dieron fueron muy escasas y sus discos eran
producidos, prensados y distribuidos por ellos, como una manera de respaldar un
discurso de ostracismo y transgresor. Sus canales de comunicación eran
cuidadosamente escogidos por ellos y nunca usaron alguno que del circuito
comercial; este “no transar” llevado de manera coherente es lo que les han
granjeado una ingente cantidad de adeptos[2].
A ello hay que sumarle las letras de Solari,
completamente crípticas, aunque con verdaderas marcas textuales que referencian
la situación social, una postura política y anímica. Siempre en el circuito subterráneo, fueron
cultivando una multitud de fanáticos, que se apropiaron de sus letras y
melodías: nace así una subcultura, “Los ricoteros”, que seguía a la banda a
cualquier lugar de la geografía, pues cada vez más personas asistían en un acto
que se conoce como “las misas”: la migración masiva a estos
recitales, el ambiente, ritos, y simbologías, se mantuvieron incluso después de
la disolución por los shows solistas de Solari:
esto puede verse en el documental “Piedra que late” de Julio Leyva[3].
La idea de este texto es analizar
brevemente la plasmación de una realidad social de denuncia a partir de las
nociones de Searle[4],
donde la actividad discursiva de las letras configura posturas contraculturales
de tensión en relación a la justicia y la verdad, desde algunos postulados de
Foucault[5]
Como una licencia metodológica
para encarar esta reflexión, desde lo planteado por J. Greimas[6] se escogió un signo
poético complejo (la letra de la canción “Nuestro amo juega al esclavo”[7]).
Tras un proceso de segmentación
(Greimas, p. 17), tomaremos como microestructura[8] el texto “Violencia
es mentir”, la única frase que se repite en la letra. Hay un consenso en
que la letra se refiere críticamente a las instituciones oligarcas,
representados en las fuerzas armadas argentinas y su papel represor en la
cotidianeidad de las personas y la historia política reciente[9].
15 de enero de 1988: “… Formidables guerreros en jeep… los titanes
del orden viril…”
Los “carapintada”[10]
fueron unas facciones militares que, en épocas de democracia, se alzaron de
manera celular contra el gobierno democrático: exigían mejores condiciones para
que algunos de sus pares, que estaba siendo juzgados por los crímenes de lesa
humanidad cometidos en la dictadura (1976-1983) fueran indultados. Esto trajo
grandes zozobras entre una parte de la población civil, ya que se reavivaban
fantasmas de represión. Sin embargo, también hubo voces de sectores que
avalaron esa redefinición de los términos de juzgamiento para los acusados.
Siempre hubo unas justificaciones sociopolíticas y morales para la represión y
los desaparecidos.
El Indio, en calidad de cronista
atento a la actualidad, manifestó su estado intencional consciente (Searle, 2014,
p. 49) con la canción que nos ocupa. Su declaración
expresada lingüísticamente a partir de tropos es expuesta públicamente (la
canción es coreada y se replica, por ejemplo, en grafitis y camisetas, ver
figuras 1, 2, 3 y 4) pero da cuenta de su emisión performativa (Searle, 2014, p. 159).
Figura 1
Grafiti en alguna calle de alguna
ciudad de Argentina
NOTA: fuente tomada del buscador Google
Images (2021)
Figura 2
Esténcil en alguna calle de
alguna ciudad de Argentina
NOTA: fuente tomada del buscador Google
Images (2021)
Figura 3
Estampado en camiseta
NOTA: fuente tomada del buscador Google
Images (2021)
Figura 4
NOTA: fuente tomada del buscador Google Images (2021)
Los juicios estaban en todas las
noticias y la canción se torna en un poder deóntico colectivo y anónimo, pero
en este caso se va a oponer a otro más institucional (en el sentido político),
el de las fuerzas militares (Searle, 2014). La función de estatus que marca el que sea una de las canciones más coreadas
y celebradas de la banda se crea a partir de la devocional recepción por parte
del público de la misma: a partir de la declaración hecha canción, el público
asume la responsabilidad de no olvidar.
Para explicar mejor esto se
recurre a un desglose de los dos componentes verbales de la microestructura
así: violencia es la polarización
entre los que preservan las buenas costumbres y los valores capitalistas
(representado en los militares) versus los que buscan una sociedad progresista
y comunista (los subversivos). Apenas se inclina la balanza a alguno de los dos
polos (dualidad creada para justificar los ejercicios de poder) se abre la
brecha para que se justifiquen acciones de ajuste, los actuares militares. El
desconocimiento de las raíces históricas de este desbalance es “mentirse”, es mentir (Cillo, 2013, p. 168). El
manifestar esto, amparado en la realidad social creada y el sentimiento de la
letra, confiere un derecho vedado a gran parte de la población en años anteriores:
la posibilidad de expresar disenso y, con ella, pedir justicia, sin tener represalias de choque.
Decreto 1004/89: “… escuchás caer tus lágrimas…”
Aunque fueron sofocados los
alzamientos, muchos acusados de crímenes fueron indultados por Menem (1989-1999)
entre otras razones, presionado por el temor a un nuevo golpe militar[11].
En dichos procesos se ofrecieron muchos testimonios y pruebas de sobrevivientes
a las torturas, donde se señaló con nombre propio a militares de todos los
rangos. Estos juicios fueron televisados
y públicos, para ignominia de los sectores de élites afines al proceso de “Restauración”
(como se llamó eufemísticamente a la Dictadura amparados en la dicotomía
expresada por Cillo).
Como bien señala Foucault, “(…)
el pueblo se apropió del derecho de juzgar, del derecho a decir la verdad, de
oponer la verdad a sus propios amos, de juzgar a quienes lo gobiernan”
(Foucault, 1977, p. 203), como uno de los grandes logros legados del sistema
judicial ateniense.
Sin embargo, entre la tensión del
poder ejecutivo y de los fueros militares, ganó este último, ante la mirada
impotente del poder popular. Familiares y sobrevivientes querían saber, en el sentido de Foucault: en ese
conocimiento se puede empoderar el poder político que, nos han dicho, pertenece
al pueblo, pero casi nunca es así.
Si son 30.000 los desaparecidos,
escuchar con voz y nombre propio las historias de cada individuo violentado
hace más particular el drama; por presión social, se hicieron diferentes
“Comisiones de la verdad”, conformadas por intelectuales, líderes sociales y
representantes del gobierno democrático: sus investigaciones fueron la base,
pero los acusados fueron sobreseídos con la política del “borrón y cuenta
nueva”: la sociedad disciplinaria había fallado (Foucault, 1977, p.221).
En este contexto de tensión aparecen
entonces las voces de esa masa anónima que se ha venido llamando “pueblo” en
este texto. Ocurre entonces del debilitamiento de las instituciones políticas
estatales y los sistemas de justicia, así como una sensación civil que
pendulaba, en líneas generales, entre el miedo, la hostilidad y la esperanza[12]
Y ahí es donde aparece Solari y
compañía, amparado desde la postura contracultura para, al menos desde lo
estético, proponer una nueva realidad institucional que va a retar las grandes
estructuras del poder: la contracultura, definida por Alejandra Vásquez[13]
como “el estudio de la estigmatización y la marginalización de los humanos
considerados ‘de abajo’, los vencidos […] actores vivos que se han mantenido en
resistencia siendo parte del sistema” (Vásquez, 2019). Al menos desde una forma
autorreferencial y en contravía a “la sociedad de buenas costumbres” (me
permito el sarcasmo), la canción de los Redondos va a ofrecer un espacio de
desahogo y sublimación por la injusticia.
Conclusión: “… por los tipos que huelen a tigre, tan soberbios y
despiadados…”
La resonancia social que tiene la
frase (y con ella la canción y el contexto que la rodea) desafortunadamente
sigue vigente y, por uso del habla en todos sus niveles, tiene
resignificaciones que permiten adaptarlas, según quien interprete, a su propio
entorno particular. No solamente presenta sino representa una realidad atemporal, aunque parezca anclado a una
lucha de poderes concreta en la historia de América Latina; como anotan Del
Mazo y Perantuono[14]:
“Violencia es mentir”. Supera el estatus de
la frase que impacta y, posicionada al lado de la filosa “Todo preso es
político”, es una conclusión que, desde un pensamiento más anarco que de
izquierda, parece cuestionar al sistema político abroquelado justamente detrás
de Felices Pascuas. (Del Mazo y Perantuano, 2015)
La declaración microestructural del Indio crea una realidad
deontológica, abrazada por multitudes que vuelven la sentencia como una suerte
de mandamiento, tiene una función de
estatus de su cosmovisión. Si se indaga un poco más sobre la evolución
letrística de Solari, se puede ver a primera vista que en los 80 y buena parte
de los 90 su corpus textual se dirigió a crear estas realidades sociales de la
confrontación y la búsqueda incesante de la verdad, al menos una que quiere
ayudar a encontrar a quienes analizan sus letras y filosofía, de la cual vimos
un repaso brevísimo en este texto.
Después de la disolución de la
banda, en su carrera solista los ejes temáticos o “mundo” nacen ya de una confrontación
de él mismo con sus sentimientos, pero su actitud transgresora (todo el tema de
autogestión, exclusividad y carácter marginal de la gran industria musical) lo
ensalzan como un ícono del no transar y eso no lo aceptan muchos. Como dice él
mismo en la frase del epígrafe, ese “nosotros” al que alude no se refiere a Los
Redondos, sino a él y a su público, una comunión que está muy cercana a un
culto religioso por el nivel de fervor, como bien resume Mario Pergolini en el
documental de Leyva: “… A pesar de que a veces parece un poco encriptado, hay
frases en cada canción que terminan armando como un evangelio” (Canal
PIEDRAQUELATE, 2013, 17m11s).
Solari mismo se niega a explicar
sus letras, pues argumenta que ellas se deben dar a entender solas, abriendo el
paso a una aparente ambigüedad y lo que le confiere un aire de realeza o
santidad para muchos seguidores: él parece burlarse de esto como en la canción
“Porco Rex”, que le da título a su tercer trabajo solista (2007). En mi caso,
me acojo a lo que dice Luis Chitarroni[15]:
Me gustan las letras de los Redondos porque
“parecen” decir otra cosa en un clima de credulidad emocional que se obstina en
hacernos sentir y pensar lo mismo porque tenemos (o “parecemos tener”) las
mismas limitaciones del lenguaje (Chitarroni, 1992)
Y, parafraseando a Pergolini, las
letras del Indio se han convertido casi que como “agua” para las personas. Orgullosamente puedo decir que soy uno de
ellos, de la corte de Solari, aunque es un hecho que jamás podré verlo en vivo
(le diagnosticaron Parkinson en 2017 y se alejó de los escenarios) … Pero
siempre quedan las letras.
Lista de
referencias y bibliografía
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M. Arnoso, Maitane S. (2013). Las
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[2] Gobello, M. (2014). Banderas
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[3] Leyva, J.
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[4] Searle, J. (2014). Creando el mundo social: la estructura de la
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[5] Foucault, M. (1973).
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[6] Greimas, A. J. (1976).
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[7] Solari. C. (1989).
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[8] Eco, U. (2000). Tratado de semiótica general. Editorial
Lumen. (pp. 370)
[9] Cillo. P. (2013).
Nuestro amo juega al esclavo: el sistema social VIII [máquina social represiva
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Ricotera: tics de la revolución: Tercera edición (pp 162 – 169). Editorial
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[10] Carapintada. (Esta
página se editó por última vez el 24 de enero de 2021). En Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Carapintadas#Segundo_alzamiento_(15_al_19_de_enero_de_1988)
[11] Editorial. (11 de
julio de 2016). Rico dijo que no fue condenado, ¿qué dijo la justicia? Chequeado. https://chequeado.com/hilando-fino/rico-dijo-que-no-fue-condenado-que-dijo-la-justicia/
[12] Bombelli, J., Muratori, M. Arnoso, Maitane S. (2013). Las comisiones de verdad en Argentina y su
impacto en la evaluación emocional. V Congreso Internacional de
Investigación y Práctica Profesional en Psicología XX Jornadas de Investigación
Noveno Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de
Psicología - Universidad de Buenos Aires.
https://www.aacademica.org/000-054/554
[13] Vásquez Carmona, A.
(2019). La contracultura: el rock como protesta política. El Artista. No. 16. https://www.redalyc.org/jatsRepo/874/87459435009/html/index.html#fn1
[14] Del Mazo, M. y
Perantuano, P. (2015). Pasión, locura y muerte. En: M. Del Mazo y P. Perantuano
(autores), Patricio Rey sus Redonditos de
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[15] Chitarroni, L. (1992).
Las letras a ultranza. En: Berti, E. (coord.), Ñam Fri Frufi Fali Fru: Los Redondos. (pp. 66). Editorial Ac.
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