lunes, 4 de abril de 2011

El inmigrante es igual cuando, donde y quien sea...

"Desempolvando" viejos archivos antes de que se pierdan en el olvido, me encontré con esta pequeña reseña, tal vez lo primero que escribí luego de mi estancia en el norte durante cuatro años. Antes de venir, Juan A., me había prometido que tendría trabajo al llegar: de profesor. A la semana de haber llegado, Helman Salazar, director e ideólogo de la Escuela Nacional de Caricatura, me tendió la mano y me dio una pequeña plaza como profesor de narrativa audiovisual. Ahí, bajo la confianza de él, empezó esta accidentada, angustiante y tutelar carrera docente. Fue también con él que escribí la primera reseña de algo literario, que es la que encontré en el disco duro de San Alejo y ahora quiero compartir con quien quiera que lea este desvarío.
El primer año en USA lo dediqué a comprar mucho anime y manga. Una de las joyitas que encontré fue este libro, al que llegué a partir de una referencia del libro Dreamland Japan de F. Schodts. El gusto que tengo es que lo compré en San Francisco, donde vivió el autor. Siendo yo mismo un inmigrante, el tema me pegó duro... Aquí está entonces esa protoreseña, puro archivo de recuerdo... Fue publicada online en su momento, como lo es ahora... No cambié ni una coma ni nada... Leerla trae muchos recuerdos.

Encuentro con una joya del protomanga



THE FOUR INMMIGRANTS MANGA:
A Japanese Experience in San Francisco. 1904-1924
Por Henry (Yoshitaka) Kiyama
Introducción, notas y traducción de Frederik L. Schodt
Stone Bridge Press, Berkley CA, 1999
Blanco y Negro. Pasta suave, 151 páginas.

Diego Hernando Sosa



Muy en boga ha estado en los últimos años el fenómeno del manga y el animé en Occidente. Desde que Moebius apadrinara la exhibición de “Akira” hacia medidos de los ochenta, los productos de historieta y animados salidos del archipiélago del sol naciente han venido ganando un lugar especial dentro de la cultura popular del mundo. Más allá de fenómenos comerciales como “Dragon Ball” o “Pokemon”, el manga y el animé han adquirido una relevancia y un matiz que pude ser visto como una puerta de entrada académica para acercarnos más a una cultura tan distante de la nuestra como lo es la japonesa.

Mucha información se puede conseguir acerca de la evolución de este arte, pero muy poco se conoce de ese estadio en el que los artistas japoneses empezaron a adoptar los esquemas occidentales para realizar historietas y asimilarlos como propias. Es en este contexto donde la edición de “The Four Immigrants Manga” de Henry Kiyama, adquiere una relevancia especial: puede ser vista (en palabras del editor y traductor de la obra, Frederik Schodt) como un valioso documento de lo que llamaríamos “protomanga”, al ofrecer el estilo de narración y de dibujo nipón dentro de la concepción occidental de la historieta en sus primeras fases. Además, la obra de Kiyama nos presenta una lectura curiosa, divertida y sencilla de las migraciones japonesas a Estados Unidos anteriores al comienzo de la segunda guerra mundial (se calcula que éstas empezaron a darse de manera masiva después de 1882).

En un claro corte autobiográfico, “The Four Immigrants” narra la historia de cuatro jóvenes japoneses que zarpan, en 1904, a los Estados Unidos en busca del american dream. Al principio, cada uno de los personajes sufre el choque de su propia cultura con la de un país con unos modos diferentes y una lengua nueva. Ellos, para asimilarse más dentro del nuevo país, adopta nombres ingleses: Henry (que es el personaje que resembla a Kiyama), Charlie, Frank y Fred. Cada uno tiene sueños diferentes: Henry quiere ser artista, Frank un hombre de negocios, Fred un hacendado, y Charlie quiere aprender los usos y costumbres de la sociedad norteamericana de entonces. La ciudad de arribo es San Francisco, punto de llegada tradicional para la inmigración asiática a los Estados Unidos.

A lo largo del libro vamos viendo cómo va cambiando cada una de las vidas de los protagonistas, un salto de la ingenuidad y el optimismo propios del inmigrante que llega a la "tierra de las oportunidades", a la dura realidad de que se puede conseguir lo que se quiere pero hay que abandonar credos, costumbres, etc… Mejor dicho, no todo es tan fácil como lo pintan. Todo este proceso viene contado con muchos gags, dudas, situaciones absurdas pero reales y a veces tragicómicas, pero siempre en el fondo con la idea de seguir adelante.

El contexto histórico donde se desarrolla la historia ofrece uno de sus valores más preciados, pero al mismo tiempo uno de los que dificultan su lectura. Tal vez sin proponérselo, Kiyama delinea en su historieta un excelente retrato a modo costumbrista de la ciudad de San Francisco a principios del siglo XX, desde los ojos de un orgulloso asiático, así como de la realidad mundial del momento. Para ello se basa en hechos reales, tales como el gran terremoto de San Francisco (1906), la guerra ruso-japonesa de 1906, la exposición Internacional Panamá-El Pacífico (1915), o los albores de la primera guerra mundial. Las apreciaciones de los cuatro nipones sobre otras razas y nacionalidades, no sólo la norteamericana, son un espejo del pensamiento del Japón imperial de aquellos años. Por todo lo anterior, Frederik Schodt nos ofrece al final del libro una sección especial donde contextualiza algunas situaciones, vocablos y costumbres de la época, sin las cuales no se podrían apreciar realmente algunos chistes y desarrollos de la historia.

A nivel gráfico, la obra de Kiyama no parece a simple vista lo que hoy conocemos como “manga”. El diseño de sus personajes está concebido desde los estándares norteamericanos del cómic de aquél entonces; incluso, utiliza estereotipos visuales de la época para retratar otros personajes de otras razas, tales como chinos, afroamericanos o blancos. La distribución de paneles es uniforme y claramente occidental: dos viñetas por cada tres líneas en página. En otras palabras, Kiyama copió los esquemas norteamericanos, obligando a los lectores japoneses (público inicial de la obra) a leer de izquierda a derecha. Por ello, Kiyama tuvo que numerar cada viñeta. La otra característica visual de este manga es su carácter bilingüe: los personajes hablan en japonés, pero eventualmente, y de acuerdo a quien estuvieran hablando, hace la aparición el inglés. Para esta edición, Schodt respetó la tipografía manuscrita en los globos de diálogo que el mismo Kiyama escribió en inglés, mientras que para los parlamentos en japonés, Schodt utilizó una tipografía especial.



Pero ¿Quién es Henry Kiyama? Frederik Schodt completa la edición de este libro con una reseña biográfica sobre este autor. Para tal fin, y ante el agotamiento de fuentes de información en Norteamérica, debió partir a Neu en 1998, la pequeña villa en la prefectura Tottori, donde Kiyama nació. Allí Schodt pudo entrevistar a la nieta del autor, Hideko, quien entonces tenía 73 años. Así, el traductor nortemaericano logró descubrir el enigma de la historia personal de Kiyama, que el editor y traductor nos comparte al comienzo y al final del libro, a modo de epílogo.

Kiyama fue un japonés que emigró a San Francisco en 1904, con tan solo diecinueve años. Su idea era estudiar en la Escuela de Arte de San Francisco, lo cual hizo, y en donde se destacó por sus habilidades. Exhibió sus pinturas en el museo de San Francisco, y ahora son expuestas en el Museo de arte de la ciudad de Yonago, Japón. En algún punto, Kiyama decidió volcar su arte hacia las historietas. Así en 1931, publica este manga sobre cuatro inmigrantes, cuyo título original es Yonin Shosei, que puede ser traducido como “la historieta de los cuatro estudiantes”. Fue alabado incluso por el cónsul japonés en San Francisco, pero poco después la obra cayó en el olvido. En cuanto a Kiyama, se la pasó viajando entre EEUU y Japón. Cuando definitivamente pensó en establecerse en Norteamérica, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y los sentimientos antijaponeses que inundaban a Estados Unidos entonces, le hicieron imposible que nunca más pudiera volver a San Francisco en su periodo de vida.

El mismo intérprete y editor nos cuenta en el prólogo que el descubrimiento de este libro fue casi accidental. Schodt es un respetado traductor del japonés en los Estados Unidos y quizás pueda ser considerado como el norteamericano que más sabe de manga. Conoce a fondo la lengua y la cultura japonesa, e incluso trabajó como traductor oficial para el llamado “Padre del manga”, Osamu Tezuka, cuando éste visitaba Estados Unidos. Ha publicado dos libros considerados claves en el estudio del manga y el animé de Occidente: “Manga, Manga” y “Dreamland Japan”. Con este libro, más que una obra gráfica, Schodt presenta una verdadera joya en el sentido de historia humana en general, así como de una muestra de una de las etapas más interesantes y desconocidas de la evolución de este arte.

La edición es en pasta suave. Viene con un prólogo del autor hablando de Kiyama, de la importancia de su obra, con fotos del artista japonés en su paso por San Francisco, así como de algunas obras que alcanzó a desarrollar en la Academia de Arte de la ciudad. Este es, en definitiva, un libro muy completo y pertinente, altamente recomendado para aquellos interesados en la historia del manga y el cómic en general, de la cultura japonesa, y a aquellos que les gusta reír con la tragicomedia que es la vida (aún hoy) del inmigrante, a dónde quiera que éste fuese.

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