Mmmm... tanto por decir de este escritor nipón, no sé por dónde empezar... Tal vez solo reste decir que su escritura me ha impelido a escribir de nuevo ficción, tal vez por la fluidez de sus acciones, porque sus personajes son tan japoneses pero al mismo tiempo tan universales, porque he vuelto a obligarme a leer ficción de manera juiciosa de nuevo, porque ha sido un solaz de pensamientos y lucidez en las anguastias de los últimos meses, porque compré varios de sus libros en el Distrito Federal mexicano (donde Dani, mi hermanito menor, me acompañaba y me miraba con la cara de "¿cómo vas a llevar todos esos libros a Bogotá?"). Me encanta la manera como describe la psique de los personajes masculinos, las referencias al jazz y al rock clásico, los hipotextos de sus diálogos, los pasajes oníricos de sus novelas, lo irresoluto y contundente de sus cuentos. No en vano, caro lector de estos desvaríos, la primera entrada de este blog es una cita de él.. Ahora, habiendo publicado varias cosas y de haberme demostrado otras, siento que cierro el ciclo de incubación con otra cita de él, para marcar un antes y un después en este blog, mi regreso a la disciplina literaria... Quisiera escribir más sobre él, pero me siento cansado, nunca estaría conforme con lo que escribiese sobre él... ¡Es tan hermosa esta cita! Hubiese deseado escribirla yo... Pero ahí va:
"¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas.
Busqué en él la luz de los satélites. Pero aún había demasiado claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada día en su lugar, como clavadas en el cielo. Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa".
(Sputnik mi amor, HARUKI MURAKAMI).


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