lunes, 3 de abril de 2017

Mallarino Florez y su trilogía Bogotá

Sacando tiempo para la buena lectura (generalmente en los buses, sigo diciéndome que eso del desprendimiento de retina es solo un mito), logré completar la trilogía Bogotá de Gonzalo Mallarino Florez. Creo que uno es de su ciudad. Mi relación con esta urbe es de amor y de odio; desde el sentimiento de adoración o terror, tengo claro que cuando muera quiero ser cremado aquí, que mis cenizas sean arrojadas a las olas eólicas desde Monserrate y se esparzan por esta jungla de 8 mal contados millones, la ciudad de todos y de nadie y aún así, mi ciudad: la tenaz suramericana.

He estudiado a Bogotá desde diferentes ámbitos: mi tesis de maestría fue sobre la construcción simbólica del Distrito Capital colombiano en "Perder es cuestión de método" de Gamboa, así como una investigación sobre los imaginarios urbanos que desde el audiovisual contemporáneo se hacen de ella. Soy orgullosamente rolo-cachaco-capitalino. Parafraseando al egregio bogotano Armando Silva, tengo claros mis croquis mentales, las zonas que recorro la gran parte de los días siguiendo la rutina de ir a trabajar, a estudiar y luego a casa. La carrera séptima y la troncal de la Caracas se me antojan como grandes arterias donde me siento, cada mañana y cada noche, como un hemoglobito que sigue la misma dirección, alimentando con mis angustias el áura grisácea, café y verde de la Capital.

Fue en esos trayectos que literalmente "devoré" estos tres libros, cuya estructura de saga está muy bien utilizada. Los encontré en una promoción de una megacadena, editados por "DeBolsillo" en donde se compran tres por $50.000 (unos veinticinco dólares, por si alguien no maneja la inflación del peso colombiano). Había leído las contraportadas y el hecho que el autor se animara a llamar por su nombre a la ciudad, al topoi de sus relatos, como la ciudad donde nací, Bogotá, fue el primer "gancho" para animarme a leerlas.



La primera de ellas está ambientada en la Bogotá semirural de los años 20 en el siglo XX. Es un médico que lucha para combatir una nueva infección que ha aparecido en la ciudad (la sífilis), especialmente transmitido en los lupanares de la urbe. Este libro está bifocalizado, siendo el otro personaje un jorobado sátiro que se va a los alrededores de la ciudad para secuestrar indias, campesinas y negras y ponerlas a trabajar como objetos sexuales. En la segunda, la hija del médico lucha por tratar una ola de muertes entre las mujeres de la Bogotá de los 50... La tercera, es sobre la explosión del edificio del DAS en la década de los 80.

Las tres obras son una saga familiar, aunque se dejan leer separadamente y en cualquier orden. Bogotá es una ciudad que hace falta ser bien contada, sin los clichés regionales y sin la complejidad que supone el caos, amén de pésimas administraciones y el clima de indolencia cosmopolita que cada día crece más. 

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