miércoles, 25 de mayo de 2011

TORMENTO (Babasónicos)


Aunque en ultramar me espere
una tormenta tropical
y yo me espere
seré gracioso un rato más

Paguemos algo que todavía no rompimos
para que luego no nos vengan a frenar
y terminemos con el barco destrozado
y con los restos del naufragio
zozobrando por el mar.

Por ahora tengo ganas de estar solo
y me queda poco tiempo de ahora en más
lo que dure mi recuerdo en tus ojos
y cuando parpadees, no estaré más...

Me verás surgir y caer
aunque el faraón le ponga
un precio alto a mi cabeza
y yo demore en escapar un rato más...

domingo, 8 de mayo de 2011

Haruki Murakami, mon amour littérarie...


Mmmm... tanto por decir de este escritor nipón, no sé por dónde empezar... Tal vez solo reste decir que su escritura me ha impelido a escribir de nuevo ficción, tal vez por la fluidez de sus acciones, porque sus personajes son tan japoneses pero al mismo tiempo tan universales, porque he vuelto a obligarme a leer ficción de manera juiciosa de nuevo, porque ha sido un solaz de pensamientos y lucidez en las anguastias de los últimos meses, porque compré varios de sus libros en el Distrito Federal mexicano (donde Dani, mi hermanito menor, me acompañaba y me miraba con la cara de "¿cómo vas a llevar todos esos libros a Bogotá?"). Me encanta la manera como describe la psique de los personajes masculinos, las referencias al jazz y al rock clásico, los hipotextos de sus diálogos, los pasajes oníricos de sus novelas, lo irresoluto y contundente de sus cuentos. No en vano, caro lector de estos desvaríos, la primera entrada de este blog es una cita de él.. Ahora, habiendo publicado varias cosas y de haberme demostrado otras, siento que cierro el ciclo de incubación con otra cita de él, para marcar un antes y un después en este blog, mi regreso a la disciplina literaria... Quisiera escribir más sobre él, pero me siento cansado, nunca estaría conforme con lo que escribiese sobre él... ¡Es tan hermosa esta cita! Hubiese deseado escribirla yo... Pero ahí va:

"¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas.

Busqué en él la luz de los satélites. Pero aún había demasiado claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada día en su lugar, como clavadas en el cielo. Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa".

(Sputnik mi amor, HARUKI MURAKAMI).

lunes, 2 de mayo de 2011

Aristides Pataquiva, el Tyler Durden de Tunjuelito

(Texto escrito para el fanzine Ficciorama, Mayo de 2011).

Más de quince años al volante en las agrestes rutas del transporte bogotano, han hecho de Aristides Patequiva  un hombre que no le teme a nada. Casado y con seis hijos, ostenta el récord del conductor con mayores comparendos en la ciudad de Bogotá. Su agresividad y enjundia han hecho una carrera casi mítica en las calles bogotanas, donde además se le reconoce como fundador de la CAPCU, copa “Aristides Pataquiva de Combate Urbano”. Allí, choferes, taxistas y demás conductores que quieran, se enfrentan en diferentes rondas al mejor estilo del videojuego Mortal Kombat para determinar quién posee las mejores habilidades en agresión, ataque y defensa usando dispositivos del transporte urbano: vehículos, crucetas, machete, puños, patadas, arañazos, cachetadas, todo vale… menos armas de fuego.

La primera ronda consta del manejo de la “patecabra”, sesiones en las que muchos novatos son eliminados: las subcategorías son por el peso de la faca, tamaño de la hoja y grado de oxidación de la misma. Este torneo nació cuando Aristides vendía buñuelos en la UN y, durante una protesta y ante la entrada de las fuerzas públicas, alejó a todo un regimiento blandiendo su patecabra, aquella que le regaló su papá de Primera comunión. Su agresividad pareció encontrar desahogo en la carrera pugilística, pero la presencia de formalidades hizo que desistiera, convirtiéndose en chofer de buseta, espacio al que trasladó sus aptitudes y las expandió: durante algunos años (especialmente en el esplendor de la llamada “Guerra del Centavo”), sostuvo muchas batallas donde casi siempre salió victorioso. Decidió reglamentar los combates, por lo que los anales informales  lo llaman el Tyler Durden de Tunjuelito, además por su manejo avezado en cierres a otros vehículos, insultos, manejo de cruceta y actitud desenfadada ante la presencia de las fuerzas del orden.

CAPCU ya lleva varias ediciones y su popularidad va creciendo. Para la próxima versión, se va a implantar una nueva categoría llamada “el planazo intimidante”, donde se evalúa la experticia en el manejo de la hoja plana del machete. Aunque antes el premio era una canasta de cerveza, ahora debido al número de inscripciones y a la falta de campos de práctica por la implementación de Transmilenio, la Copa viene acompañada de un bono tipo bufete ilimitado donde “La Rita”, local reconocido por su chanfaina tipo “gourmet”, solo para paladares entendidos. Pero, ¿qué dice el fundador de este folclórico torneo? A pesar de su fama, dice querer “ganar un lugar en la carretera de la fama del combate urbano”… Mientras le escurre grasa por la comisura de la boca, agrega: “Quiero retirarme como el “Happy Lora” del combate urbano…”.