viernes, 25 de febrero de 2011

La conjura de un necio...

Una vez en la maestría de literatura me preguntaron, informalmente, que si tuviera que irme a vivir solo en una isla por lo que me quedara de vida y sólo pudiera llevar un libro, ¿cuál sería? 

Personalmente, odio ese tipo de interrogantes excluyentes: me duele la cabeza, pues aunque uno tiene amores y gurúes, ídolos si se quiere en varias artes y por los más diversos motivos, no es fácil olvidarse de todos los demás y sólo quedarse con una elección... Sin embargo, quien me preguntó fue Carmen Millán, adorada y sapiente profesora... Era obligatoria una respuesta. 

Me quedé pensando y diez o siete autores vinieron a mi cabeza casi inmediatamente... Como con los cineastas y animadores, no pienso tanto en una obra completa sino en un corpus de producción creativa... Pero entonces recordé una novela que mi amigo Juan A. me regaló por allá en las épocas depresivas de las postrimerías de fin de pregrado,  un tiempo de visicisitudes y angustias (algunas de las cuales sé me acompañarán hasta el sepulcro)... Una novela que he leído tal vez unas siete veces y a la que vuelvo como a un viejo amor que, con sus páginas, personajes y tramas me devuelven la fe en la vida a partir de generar risas en mí.

No puedo en este caso hablar de un corpus, pues es obra única... Aquí está una reseña ya publicada que escribí sobre ella, contando con que sólo disponía de una cuartilla para contar todo lo que quería, pero sin mencionar impresiones personales como por ejemplo, tal vez cómo la gente en el bus me miraba como si estuviera loco cuando yo, el libro abierto en mi regazo,  estallaba a carcajadas en medio de un trancón, rodeado de los humores de los pasajeros de pié, de la música vallenata que coronaba el transporte bogotano.

CONFEDERACY OF DUNCES
John Kennedy Toole
(Escrita en 1969, publicada por primera vez en 1980).



Pocas veces un escritor, con una sola obra a su haber, logra trascender en la historia. Uno de los casos más  sobresalientes ha sido el de John Kenndey Toole, escritor norteamericano que con “La Conjura de los necios” ha logrado crear una de las obras emblemáticas de la literatura del siglo XX. 

Kennedy Toole da vida a Ignatius J. Reilly, joven culto pero holgazán, que vive añorando las épocas del orden medieval y reniega del actual sistema capitalista en la Nueva Orleans de 1960.  Vive solo con su madre, quien a pesar de su edad y dolencias físicas, debe trabajar para mantenerlos a los dos.  Ignatius anota sus observaciones y reflexiones en unos cuadernos, los cuales mantiene esparcidos por su caótica habitación a la espera de algún día reunirlos y publicar su gran manifiesto en contra de la sociedad capitalista y que de esta forma la humanidad vuelva a la "rectitud" del orden medieval. 

El detonante de la acción narrativa ocurre cuando la madre de Ignatius, Irene (quien además tiene problemas de alcohol y vive en función de los caprichos de su hijo) queda incapacitada. Ignatius es obligado a salir de su ostracismo auntoimpuesto a ganarse la vida. Es allí donde se inicia un periplo cómico y absurdo por diferentes trabajos, donde  su particular cosmovisión "Reillyana" colisiona con su entorno.  A pesar de las risas, la novela maneja un hálito de tristeza inherente a la condición humana, al no encontrar Ignatius su lugar en el mundo, al tratar de buscarle sentido a todo.

La estructura de la novela sigue la misma de “La consolación de la filosofía” de Boecio, el autor favorito de Ignatius; el narrador es principalmente omnisciente aunque estas descripciones se alternan con comentarios en la voz de Reilly, extraídas de su diario-manifiesto, sin duda uno de los elementos más hilarantes del relato.

Esta mezcla de tristeza y comicidad se podría explicar por la ironía del recorrido vital de Kennedy Toole, quien nunca vio su obra publicada.  Hijo único, se crió con su madre y fue profesor de literatura. A pesar de trabajar por muchos años en la novela, ésta siempre fue rechazada por los diferentes editores a los que él la llevó. Desilusionado, John se suicidó el 26 de marzo de 1969, con tan sólo 31 años de edad. Fue su mamá, Thelma Toole, quien en 1976 llevó una copia del manuscrito a un editor quien, de manera renuente, aceptó leerlo. “La conjura…” fue publicada en 1980 y dio paso a una fiebre sobre Ignatius, el autor y la exquisitez con la que está escrita la novela, la cual ganó el premio Pulitzer al año siguiente.

Esta obra, entonces, deja un sabor agridulce: por un lado, se garantizan las risas por lo rocambolesco de las situaciones que Ignatius enfrenta, así como por la variedad y picardía de personajes que lo acompañan en esta travesía por el “mundo moderno”. De otro lado, queda una nostalgia y un tono triste, pues la incomprensión y las diferentes dinámicas que gobiernan el mundo de hoy muchas veces pueden “matar” los sueños de los idealistas.

Una pasadita por el "Pubis Angelical"

Manuel Puig
. Pubis Angelical
Editorial Seix Barrial S.A. 1979.


Desde su puesta narrativa, la novela “Pubis Angelical” (1979) de Manuel Puig, aborda la psiquis femenina de segunda mitad del siglo XX desde el concepto de cautividad y el deseo de emanciparse de ésta por medio del reconocimiento de los diferentes roles sociales y emotivos de su feminidad. A través del personaje principal (Ana), Puig explora dos tipos de encerramientos: el físico (Ana nunca se mueve de su cama de enferma en México, por ejemplo), hasta el social, éste apoyado por las dos historias paralelas que se cuentan en la novela (la del El Ama y la de W218), en donde el estereotipo de la mujer hermosa como objeto sexual en una sociedad machista, funcional y de apariencias, reprime, limita y no comprende los verdaderos deseos de la Mujer como sujeto emocional y social.

Contrario a otras novelas de nuestro autor, donde esta redención del ser femenino es incompleta o malograda, en “Pubis Angelical” este autoreconocimiento sí se da, en un final onírico en donde las tres historias convergen para dar como resultado la aceptación de Ana de ser como debe ser, de su valía y capacidades en una cultura donde se le imponen matices y exigencias a sus roles sociales como Mujer (sí, con M mayúscula). 

La novela propone múltiples dispositivos para acercarse a este tema tan espinoso: la utilización de técnicas como el monólogo (en el caso de Ana, a través de las confidencias expresadas en su diario, el Ama y W218 con el conocimiento dado al lector de sus pensamientos), o las similitudes del tipo de hombres con el que suelen relacionarse, así como las situaciones de aislamiento y soledad a la que son sometidas, son sólo tres ejemplos de puntos de encuentro para los tres relatos.

Las tres son hermosas y jóvenes. Las tres quieren ser independientes. Las tres tienen una imagen idealizada del ser masculino como amante y compañero. Las tres sacrifican su propia libertad como ser para, inicialmente, “plegarse” a los deseos de una sociedad dominada por hombres. Las tres, en últimas, son sometidas al trato de una imagen, de un ser funcional que serviría para propósitos ajenos que niegan sus verdaderos deseos.

Esta novela, llevada al cine en 1982 por el director Raúl de la Torre y musicalizada por Charly García, se presenta como una de las más enigmáticas del corpus literario Pugiano. Viene así a concretar un ciclo temático del autor, aunque sin desconocer la fuerza de los diálogos y los monólogos internos que se hicieron célebres en otras novelas anteriores del autor, tales como “El beso de la mujer araña” o “Boquitas pintadas”. Aquí dejo una muestra de la banda sonora, tema titulado homónimamente al filme y a la novela:




Esta es una novela ideal para acercarse a un mejor entendimiento del universo femenino en una sociedad falocéntrica. Como dato novedoso, en esta obra Puig se acerca al género fantástico, pero siempre sin dejar de lado sus referencias al cine y a la temerosa complejidad de las relaciones de pareja. Es, entonces, una verdadera obra maestra, poco reconocida por la crítica literaria.

Esta novela, como todas las de Puig, sólo incitan a escribir. Su formación como cineaste frustrado proveen múltiples referencias a ese otro arte a partir de las referencias a cine, lenguaje filobático y la constante áura de las divas del cine de oro norteamericano, aquellas que los directores de fotografía se peleaban por iluminar...

"Viernes 3 AM" (Charly García)



"... Cerré los ojos, proseguí. En cuanto hube recordado el título de la canción, la melodía y los acordes empezaron a fluir espontáneamente a través de las puntas de mis dedos. Toqué la melodía una vez tras otra. percibía con toda claridad cómo la música se iba filtrando en mi corazón y aligeraba la tensión y la rigidez de cada rincón de mi cuerpo. Al oír música por primera vez después de tanto tiempo, me di cuenta de cuánto la había necesitado. Hacía tanto tiempo que la había perdido que incluso había dejado de añorarla. La música tornó leves mi corazón y mis músculos helados por el frío invernal y confiró a mis ojos una cálida y nostálgica luz.

En aquella música creí percibir el aliento de la ciudad. Yo estaba dentro de la ciudad, la ciudad estaba dentro de mí. La ciudad respiraba y temblaba al compás del temblor de mi cuerpo. La muralla se movía, serpenteaba. Sentí la muralla como si fuera mi propia piel.

Tras repetir muchas veces aquella melodía, aparté las manos del instrumento, lo dejé en el suelo, me recosté en la pared y cerré los ojos. Aún podía notar el temblor en mi cuerpo. Todo lo que había allí era yo. La muralla, la puerta, las bestias, el bosque, el río, el agujero donde surgía el fuerte viento, el lago: todo era yo. Todo estaba en mi interior. Probablemente, incluso el frío invierno era yo".

EL FIN DEL MUNDO Y UN DESPIADADO PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Haruki Murakami (1985)