DESVARÍO (De "desvariar"):
1. m. Dicho o hecho fuera de concierto.
2. m. Accidente, que sobreviene a algunos enfermos, de perder la razón y delirar.
3. m. Monstruosidad, cosa que sale del orden regular y común de la naturaleza.
4. m. Desigualdad, inconstancia y capricho.
5. m. ant. Desunión, división, disensión.
(Real Academia de la Lengua Española)
-Sí, no me lo recuerde… Samuel aún no encuentra la guaca que le dejó el abuelo… Siga hasta la 68 y ahí torcemos hacia el norte…
-…
-¿El señor acaba de llegar?
-Sí, ¿se nota mucho?
-Pos no… pero con esas maletotas…
-De otro lado, el alcalde mayor tomó medidas porque...
-Mmmmm… súbale al radio, por favor…
-... Siguen las búsquedas de la SIJIN alrededor del trepanador que tiene asolada la zona sur de Bogotá. El general Oscar Naranjo, comandante de la policía metropolitana, ha dicho que se han desplegado más de doscientos efectivos en tres localidades diferentes para dar con el paradero del que se cree, es el mayor asesino en serie de la ciudad desde Campo Elías Delgado y en cuyo conteo van más de...
-
.... ¿Tenaz la vaina, no?
-¿Qué vaina?
-Pues la del asesino… ¿no ha visto las noticias?
-La verdad, no, no mucho… la verdad no me gusta mucho la crónica roja…
-Pos es que ya está en todos lados, hoy el presi habló de eso y todo…
-Algo me contaron en el trabajo, es increíble… Bogotá está cada vez más insegura… me han dicho que no se ha revelado mucha información al público…
-Yo sí le tengo el chisme de primera mano, mi cuñado trabaja en el DAS…
-¡Hijuputa!
-¡MALPARIDO!
-…
-…
-Señor, por favor… no le haga caso… es increíble, los buseteros ya no saben manejar…
-No, es que a esos pirobos deberían quitarles el pase…
-Bueno, ufff, menos mal no pasó nada… Tranquilo…
-¿Es el man que está detrás de nosotros, no?
-Sí, pero no se moleste… si quiere, gire por esta a la izquierda…
Como diga dotor…
( ...................................... .... (Mira el tarro: ya viene la Píldora 2)
Es tarde en la noche del viernes, hoy no hay ensayo con los Rufinos. Llego a casa exhausto, después de lidiar durante dos horas con el transporte bogotano, luego de un agitado día de trabajo. Como siempre, cierro la puerta, suspiro, descargo la maleta y voy al baño a lavarme las manos. Enciendo la luz del recinto. Después de seguir la misma rutina durante los últimos ocho meses, me podía mover en el apartamento como un gato en la noche. Mientras lavo mis manos, me miro en el espejo que está sobre el retrete: sin afeitar, algo despelucado, sofocado por el calor que había hecho día, aunque sin ganas de quitarme las chaqueta, pues bien se sabe que Bogotá es muy fría en las noches, no importa la temperatura que haya hecho en el día.
Me subo la cremallera y voy a mi habitación. Desocupo mis bolsillos de monedas, pedazos de empaques de dulces, servilletas sin usar que me habían dado en el sitio donde compro tinto. Llego a una de las ventanas que está sobre mi cama y la abro; al tiempo que entra el aire frío, irrumpe en primer plano sonoro el ruido del tráfico sobre la Avenida Suba: vehículos que iban a toda velocidad… pensé en quiénes irían con tanto afán: parejas que se van a rumbear, madres cabeza de familia que después de la jornada corren al calor de sus hogares, estudiantes que felices por el comienzo de Semana Santa, se preparan para las fiestas de la noche, individuos que por azares de la vida se apuran a llegar a sus trabajos de viernes en la noche… en fin, el mundo entra.
Prendo un cigarrillo, con mi cabeza saliendo por la ventana. Cuido con mi mano que el viento de la noche no apague la llama de un encendedor que ya estaba por acabarse. A los lejos puedo oír un vallenato sonando y algunas risas. Con el remoto, prendo la grabadora que está sobre mi mesa de noche. Cuando pulso el “play”, los primeros acordes de “Vários Holofotes” inundan mi habitación. Durante los primeros compases, la armonía del bajo llenó un poco el vacío que sentía, así como el loop de una sirena de ambulancia que trata de abrirse camino desesperada en un trancón, la marca distintiva de esa canción.
Miro el celular sobre la mesa del televisor, aún sin saber si alguien llamaría. El aparato parecía mirarme desde su estaticidad, como retándome a un juego de “serios”, aquél donde dos personas se miran fijamente sin decir nada, hasta que alguno de los dos se ríe y pierde… Siempre me llamó la atención ese juego, el único que conozco donde el que se ríe es el que pierde.
En la mañana había visto a Yineth, una chica con la que había salido durante un año y de la que me había enamorado y que se desaparecía cada tanto… Yo nunca supe lo que pasó o qué hice mal, hasta que un día simplemente me desaparecí también, pues había entendido que ella no sabía lo que quería de la vida y que sólo salía conmigo para pedir favores, para tener a un hombre dispuesto a hacerle compañía solo cuando ella sintiera que así lo necesitaba. En conclusión, la relación solo había existido en mi cabeza... Para ella solo fui favores y compañía existencial y física, pero sin nada más, sin nunca dejarse conocer, por más que insistí y que ella me decía que era su deseo...
A água do banho já aqueceu, cantaba Marcelo en el radio, desde el CD… Mientras salía con ella (durante un lapso de casi un año), un conocido común le “estaba cayendo”, y ella siempre me dijo en confidencia que el tipo le parecía repugnante… Hacía solo una semana me había enterado que el man mete coca (lo cual explica muchas cosas de su pensamiento errático)… El susodicho trabaja conmigo, de hecho, soy para él como una especie de supervisor. Sólo el año pasado lo salvé de que fuera despedido, dado que el hombre se negaba a seguir los lineamientos de las clases, llegaba tarde a las mismas, llegaba incoherente… Él y yo somos profesores de universidad.
Últimamente el individuo me había estado buscando… No somos amigos, solo conocidos que trabajan en el mismo lugar. Ni me cae ni bien ni mal, simplemente me es indiferente… Sinto o medo no espaço apertado é o risco de alerta, de alerta ligado, sigue O Rappa, voz aguardientosa de M. Falcão…
A Yineth le escribí un correo el diciembre desde México DF. En él le decía que, a pesar de haber jugado conmigo, le agradecía el tiempo juntos, sus besos, su cuerpo, de que la experiencia con ella me había dejado varios aprendizajes traumáticos, algunos de los cuales sigo procesando: mi error fue haberme comportado demasiado bien con ella. Creo ahora que, sí, no se puede ser muy caballero con las mujeres… en el mundo moderno, esas actitudes, llevadas en demasía (sin llegar a la melosería, aclaro, simplemenrte mostrar que la oyra persona le importa a uno), sólo hace que ellas se aburran de ti. Cuando desaparecí, ella ni siquiera intentó buscarme, estaba acostumbrada a que era yo quien siempre la buscaba, excepto, claro, si necesitaba algún favor de mí. Después de un año, me di cuenta de eso… O coração se não pirrite mata me protege dos meus sentimentos…En noviembre del año pasado fue a buscarme, seguramente necesitaba algún favor... Yo me hice el "güevón", ni pendejo que fuera...Haaaaa heeeee haaaaaa heeeeee...
El cambio de ritmo me trae de nuevo a este plano de realidad. El viento estaba haciendo que el humo que expulsaba se devolviera aún más difuso al interior de mi habitación. Cierro un poco más la ventana, abro la botella de mezcal que tenía en la repisa donde está los Cd’s. Cierro los ojos y en el difuminado que cobijaban mis párpados, puedo ver la imagen nuevamente: al mediodía, saliendo a almorzar, la vi en la puerta de la universidad. Nos vimos y luego, casi sincrónicamente, volteamos la mirada, negándonos. Detrás mío salía el individuo, gafas oscuras, aire tostado y caminar pedante. Ella se levantó y fue hacia él. El tipo pareció no reparar en mí y yo traté de disimular, caminando sin mirar atrás. Caminé y doblé a la esquina, alcanzando a unos colegas que buscaban dónde almorzar… Hubo un punto donde los sentí caminando detrás de mí. No podía escuchar qué decían, solo sentía como si su calzado en cualquier momento fuera a pisar mis talones… O sol deixou de ser paisagem e passou a queimar de repente… redoblante fuerte, mucho más fuerte, cambio de ritmo.
Cambiaron de acera y me adelantaron… desde allí los pude ver mejor… caminaban de afán y torcieron en la primera esquina, ya lejos de la mirada del flujo peatonal de la calle 23. Yo no me detuve y seguí en dirección a la carrera Séptima, pero antes de perderlos de vista, vi cómo él adelantaba su mano a la cara de ella (sin detenerse) y le acariciaba una mejilla… O barulho lá fora, o barulho lá fora, Foi selada, foi selada a falsa calmaría… Un vacío se instaló en mi estómago. Me molesté conmigo mismo por sentirlo, fue solo un segundo, un pequeño trueno en el cielo gris que habían sido mis últimos tres meses. Alguno de los que iba conmigo me iba hablando, pero no lo escuchaba… solo movía mi cabeza asintiendo, pensando en lo contradictoria que es la vida, en lo que incoherentes que podemos llegar a ser lo humanos… águas lavam o chão da evidencia…
¡Ah, el estribillo! Amo el rasgueo que hace la guitarra de Xandão cuando Marcelo repite como un lamento la letra… descubrí entonces, hoy, que no había superado las resonancias de mi fracaso con Yineth… De otro lado, se dio el paso para borrar cualquier indicio de reconexión o arrepentimiento, que por más expectativas de futuro y gusto por el sabor de una piel, quien había perdido era ella… tal vez sea una visión muy optimista y nascisista, pero dado que quien está con el lío soy yo, si es el caso, estoy dispuesto a autoengañarme, al mejor estilo del “anti-yo” Freudiano…
Confirmé, mientras le echaba la última calada al cigarro y “Vários Holofotes” se iba difuminando en el espacio sonoro oscuro de mi habitación, que ella aún no sabe lo que quiere… no silêncio não existe flagrante, foi lavado o asfalto com cunha… que (engullo buen sorbo de mezcal, el gusano al fondo de la botella roza mis secos labios), no era la mujer para mí y que nunca cometeré con otra los mismos errores que hice con ella (que hasta dónde sé, no fue ni uno solo)… Que todos somos incoherentes, decimos unas cosas pero sentimos otras, que tras nuestros sentimientos hay una agenda política que puede llegar incluso a la manipulación de las expectativas ajenas, que en una relación es mejor mantener y rotar la dinámica del amante y el amado…
Qué (pienso cerrando la ventana), es mejor seguir adelante y sublimar todos esos deseos en el arte… Vários holofotes ligados aqui, a água do banho já aqueceu…(ad infinitum)… Ahhhhh, La embriagadora lucidez de la bebida milenaria... Quem sabe aqui dentro o que acontece sou eu.
"Desempolvando" viejos archivos antes de que se pierdan en el olvido, me encontré con esta pequeña reseña, tal vez lo primero que escribí luego de mi estancia en el norte durante cuatro años. Antes de venir, Juan A., me había prometido que tendría trabajo al llegar: de profesor. A la semana de haber llegado, Helman Salazar, director e ideólogo de la Escuela Nacional de Caricatura, me tendió la mano y me dio una pequeña plaza como profesor de narrativa audiovisual. Ahí, bajo la confianza de él, empezó esta accidentada, angustiante y tutelar carrera docente. Fue también con él que escribí la primera reseña de algo literario, que es la que encontré en el disco duro de San Alejo y ahora quiero compartir con quien quiera que lea este desvarío. El primer año en USA lo dediqué a comprar mucho anime y manga. Una de las joyitas que encontré fue este libro, al que llegué a partir de una referencia del libro Dreamland Japan de F. Schodts. El gusto que tengo es que lo compré en San Francisco, donde vivió el autor. Siendo yo mismo un inmigrante, el tema me pegó duro... Aquí está entonces esa protoreseña, puro archivo de recuerdo... Fue publicada online en su momento, como lo es ahora... No cambié ni una coma ni nada... Leerla trae muchos recuerdos.
Encuentro con una joya del protomanga
THE FOUR INMMIGRANTS MANGA: A Japanese Experience in San Francisco. 1904-1924 Por Henry (Yoshitaka) Kiyama Introducción, notas y traducción de Frederik L. Schodt Stone Bridge Press, Berkley CA, 1999 Blanco y Negro. Pasta suave, 151 páginas.
Diego Hernando Sosa
Muy en boga ha estado en los últimos años el fenómeno del manga y el animé en Occidente. Desde que Moebius apadrinara la exhibición de “Akira” hacia medidos de los ochenta, los productos de historieta y animados salidos del archipiélago del sol naciente han venido ganando un lugar especial dentro de la cultura popular del mundo. Más allá de fenómenos comerciales como “Dragon Ball” o “Pokemon”, el manga y el animé han adquirido una relevancia y un matiz que pude ser visto como una puerta de entrada académica para acercarnos más a una cultura tan distante de la nuestra como lo es la japonesa.
Mucha información se puede conseguir acerca de la evolución de este arte, pero muy poco se conoce de ese estadio en el que los artistas japoneses empezaron a adoptar los esquemas occidentales para realizar historietas y asimilarlos como propias. Es en este contexto donde la edición de “The Four Immigrants Manga” de Henry Kiyama, adquiere una relevancia especial: puede ser vista (en palabras del editor y traductor de la obra, Frederik Schodt) como un valioso documento de lo que llamaríamos “protomanga”, al ofrecer el estilo de narración y de dibujo nipón dentro de la concepción occidental de la historieta en sus primeras fases. Además, la obra de Kiyama nos presenta una lectura curiosa, divertida y sencilla de las migraciones japonesas a Estados Unidos anteriores al comienzo de la segunda guerra mundial (se calcula que éstas empezaron a darse de manera masiva después de 1882).
En un claro corte autobiográfico, “The Four Immigrants” narra la historia de cuatro jóvenes japoneses que zarpan, en 1904, a los Estados Unidos en busca del american dream. Al principio, cada uno de los personajes sufre el choque de su propia cultura con la de un país con unos modos diferentes y una lengua nueva. Ellos, para asimilarse más dentro del nuevo país, adopta nombres ingleses: Henry (que es el personaje que resembla a Kiyama), Charlie, Frank y Fred. Cada uno tiene sueños diferentes: Henry quiere ser artista, Frank un hombre de negocios, Fred un hacendado, y Charlie quiere aprender los usos y costumbres de la sociedad norteamericana de entonces. La ciudad de arribo es San Francisco, punto de llegada tradicional para la inmigración asiática a los Estados Unidos.
A lo largo del libro vamos viendo cómo va cambiando cada una de las vidas de los protagonistas, un salto de la ingenuidad y el optimismo propios del inmigrante que llega a la "tierra de las oportunidades", a la dura realidad de que se puede conseguir lo que se quiere pero hay que abandonar credos, costumbres, etc… Mejor dicho, no todo es tan fácil como lo pintan. Todo este proceso viene contado con muchos gags, dudas, situaciones absurdas pero reales y a veces tragicómicas, pero siempre en el fondo con la idea de seguir adelante.
El contexto histórico donde se desarrolla la historia ofrece uno de sus valores más preciados, pero al mismo tiempo uno de los que dificultan su lectura. Tal vez sin proponérselo, Kiyama delinea en su historieta un excelente retrato a modo costumbrista de la ciudad de San Francisco a principios del siglo XX, desde los ojos de un orgulloso asiático, así como de la realidad mundial del momento. Para ello se basa en hechos reales, tales como el gran terremoto de San Francisco (1906), la guerra ruso-japonesa de 1906, la exposición Internacional Panamá-El Pacífico (1915), o los albores de la primera guerra mundial. Las apreciaciones de los cuatro nipones sobre otras razas y nacionalidades, no sólo la norteamericana, son un espejo del pensamiento del Japón imperial de aquellos años. Por todo lo anterior, Frederik Schodt nos ofrece al final del libro una sección especial donde contextualiza algunas situaciones, vocablos y costumbres de la época, sin las cuales no se podrían apreciar realmente algunos chistes y desarrollos de la historia.
A nivel gráfico, la obra de Kiyama no parece a simple vista lo que hoy conocemos como “manga”. El diseño de sus personajes está concebido desde los estándares norteamericanos del cómic de aquél entonces; incluso, utiliza estereotipos visuales de la época para retratar otros personajes de otras razas, tales como chinos, afroamericanos o blancos. La distribución de paneles es uniforme y claramente occidental: dos viñetas por cada tres líneas en página. En otras palabras, Kiyama copió los esquemas norteamericanos, obligando a los lectores japoneses (público inicial de la obra) a leer de izquierda a derecha. Por ello, Kiyama tuvo que numerar cada viñeta. La otra característica visual de este manga es su carácter bilingüe: los personajes hablan en japonés, pero eventualmente, y de acuerdo a quien estuvieran hablando, hace la aparición el inglés. Para esta edición, Schodt respetó la tipografía manuscrita en los globos de diálogo que el mismo Kiyama escribió en inglés, mientras que para los parlamentos en japonés, Schodt utilizó una tipografía especial.
Pero ¿Quién es Henry Kiyama? Frederik Schodt completa la edición de este libro con una reseña biográfica sobre este autor. Para tal fin, y ante el agotamiento de fuentes de información en Norteamérica, debió partir a Neu en 1998, la pequeña villa en la prefectura Tottori, donde Kiyama nació. Allí Schodt pudo entrevistar a la nieta del autor, Hideko, quien entonces tenía 73 años. Así, el traductor nortemaericano logró descubrir el enigma de la historia personal de Kiyama, que el editor y traductor nos comparte al comienzo y al final del libro, a modo de epílogo.
Kiyama fue un japonés que emigró a San Francisco en 1904, con tan solo diecinueve años. Su idea era estudiar en la Escuela de Arte de San Francisco, lo cual hizo, y en donde se destacó por sus habilidades. Exhibió sus pinturas en el museo de San Francisco, y ahora son expuestas en el Museo de arte de la ciudad de Yonago, Japón. En algún punto, Kiyama decidió volcar su arte hacia las historietas. Así en 1931, publica este manga sobre cuatro inmigrantes, cuyo título original es Yonin Shosei, que puede ser traducido como “la historieta de los cuatro estudiantes”. Fue alabado incluso por el cónsul japonés en San Francisco, pero poco después la obra cayó en el olvido. En cuanto a Kiyama, se la pasó viajando entre EEUU y Japón. Cuando definitivamente pensó en establecerse en Norteamérica, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y los sentimientos antijaponeses que inundaban a Estados Unidos entonces, le hicieron imposible que nunca más pudiera volver a San Francisco en su periodo de vida.
El mismo intérprete y editor nos cuenta en el prólogo que el descubrimiento de este libro fue casi accidental. Schodt es un respetado traductor del japonés en los Estados Unidos y quizás pueda ser considerado como el norteamericano que más sabe de manga. Conoce a fondo la lengua y la cultura japonesa, e incluso trabajó como traductor oficial para el llamado “Padre del manga”, Osamu Tezuka, cuando éste visitaba Estados Unidos. Ha publicado dos libros considerados claves en el estudio del manga y el animé de Occidente: “Manga, Manga” y “Dreamland Japan”. Con este libro, más que una obra gráfica, Schodt presenta una verdadera joya en el sentido de historia humana en general, así como de una muestra de una de las etapas más interesantes y desconocidas de la evolución de este arte.
La edición es en pasta suave. Viene con un prólogo del autor hablando de Kiyama, de la importancia de su obra, con fotos del artista japonés en su paso por San Francisco, así como de algunas obras que alcanzó a desarrollar en la Academia de Arte de la ciudad. Este es, en definitiva, un libro muy completo y pertinente, altamente recomendado para aquellos interesados en la historia del manga y el cómic en general, de la cultura japonesa, y a aquellos que les gusta reír con la tragicomedia que es la vida (aún hoy) del inmigrante, a dónde quiera que éste fuese.