Desde mis épocas como programador de Rock Iberoamericano en Javeriana Estéreo (por allá en 1993), me fascinó el rock argentino. No recuerdo muy bien cómo fue que llegó a mis oídos Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota, banda que, me decía un amigo argentino que estudiaba música en la Universidad, era más popular que Soda Stereo en la hermana nación del sur… Él se autoproclamaba como un “ricotero” de corazón.
Recordemos que, aunque aún hoy me parece increíble, por esa época el internet era apenas algo raro que uno escuchaba y, por ende, la opción de siquiera descargar sus canciones u obtener otra información sobre ellos era imposible. Fue tal el fanatismo de este amigo, que le compré un libro (biografía no autorizada) sobre el grupo que llevaba consigo. Luego, me grabó una casete con el que supe, era su tercer álbum, “Un baión para el ojo idiota”.
En una primera audición no encontré nada raro en ellos: una batería precisa, un bajo moderado, guitarras rockanrolleras y una voz grave que modulaba poco… Pero eso fue solo al principio: otra cosa son las letras, verdaderas ambigüedades de sentido, en la más pura tradición del lunfardo, urbanas, tangueras, plagadas de saudades, preguntas, angustias, quejas. Sin darme cuenta, me fui afiebrando cada vez más y más, al punto de ahorrar cada centavo que podía para encargarle al finado Saúl en La Musiteca,que me trajera los CD’s originales… De más está decir que nadie a quien yo conociera, conocía a la banda.
Sólo a mi hermano/amigo Juan Manuel le “pegué” la fiebre ricotera… Aún hoy, excepto argentinos o uruguayos, no muchos conocerán este grupo en Colombia. Cuando por fin cumplí mi sueño de conocer Baires, me topé con la segunda placa solista de Carlos “El Indio” Solari, ex vocalista de la banda disuelta que tanto había escuchado y admirado (tengo todos los CD’s originales, y aún hoy no son fáciles de conseguir).
Ya sabía que, al igual que Skay Beillinson (guitarrista de Los Redondos, el otro hemisferio cerebral tras la banda), el Indio había iniciado su carrera solista… Algo que tiene la música “redonda” es que a pesar de su aparente sencillez sonora, no entra de una, no es pegajosa… Igual aplica para el Indio. Un amigo me había encargado que le llevara la versión en vinilo de “Fuerza Natural” de Cerati, acetato que en pesos locombianos salía como a $250,000 (una barbaridad, aún más en un país como Argentina, que tiene una política económica y cultural amable, donde los libros, las películas y los discos no son un artículo de lujo, como acá en la dizque “Atenas” suramericana). Mi amigo me dijo el tradicional “cómprelo que yo se lo pago acá”… ¡Mamola!, pensé, citando al bigotón santandereano. Era mucho dinero.
En vez de eso, le compré el “Porco Rex”, segundo álbum del Indio… Su presentación en digipack, el arte y la parte gráfica, seguían la estética a la que ya me tenía acostumbrado Los Redondos, labor del ilustrador y artista visual Ernesto “Rocambole” Cohen (supe que el año pasado le hicieron una retrospectiva en Buenos Aires… muy merecida). Traje el disco sin desempacar, sabía que mi amigo la apreciaría. Pues no, me dijo que no le interesaba: en muchas bebas años atrás, oyendo música, me había expresado su amor y fidelidad por el rock ricotero, pero parece que fue algo de los tragos. Así que me quedé con el disco. Este es el tema que escuché primero, me llamó la atención el título: "¿Por qué será que no me quiere Dios?"
Y ahí está. Llevo dos semanas escuchándolo sin parar, evocando las épocas en las que la voz del Indio llenaba mis oídos… la letras se han hecho más maduras, sin duda se percibe un aire de despecho o separación romántica, pero se alterna con baladas de mood dark, depresiva. La banda de este álbum cuenta con dos soberanos guitarristas, Gaspar Benegas y Baltasar Comotto, dupla de virtuosos que llenan las canciones con riffs que recuerdan a un Joe Satriani en tiempos de la década de los ochenta. Completan su banda el jazzista post Spinetta Marcelo Torres y Hernán Aramberri en la batería. Junto al saxofonista Alejo von der Pahlen (En los Redó todos los temas tenían saxo o vientos interpretados por el matizado Sergio Dawi), todos conforman los “Fundamentalistas del Aire Acondicionado”, su banda soporte. Aquí está la canción que le inspiró este blog... "Tatuajes".
El cambio en la grabación se nota: redoblantes compactos y huecos, varias capas de guitarras eléctricas y acústicas en cada canción, bajos densos, pianos y teclados camuflados bajo la voz del Indio haciéndose coros en octavas cada vez más altas. Solari, un hombre que no gusta de grabar videos, compartir escenarios, colaborar con otros artistas, dar entrevistas, tiene como invitado de lujo al buen Andrés Calamaro en un tema. El Indio compuso todas las letras, la música y, raro en un vocalista, hizo toda la producción musical. La interpretación con Andrés es majestuosa, especialmente el endurecimiento en el midley con un potente solo de guitarra... puro "Veneno Paciente"... ¿quién no se puede identificar con la letra?
Ahora que lo pienso, mi amigo con su desplante me hizo un favor… Ya estoy gestionando los otros dos discos del Indio, “El tesoro de los inocentes (bingo fuel)” de 2005 y el más reciente, "El perfume de la tempestad”, editado el año pasado. Mientras descanso de toda esta verborrea, de este flujo, en esta entrada tan larga, seguiré sumergiéndome en la fiebre que se ha desatado en mí. Un artista altamente recomendado.
Larga vida al Indio, larga vida al buen rock en español, patrimonio de todos, tierra prometida de los devenires de nuestro idioma.


¡¡¡Y yo no te agradezco nada que le hayás pasado esa fiebre a mi marido!!!!! Con los redonditos y La Conjura de los Necios no pude, perdón Dieguito, sé que soy una profanadora que no encontrará misericordia en tu reino...
ResponderEliminarJajajajajajajajaja... Está bien mi Caro, en ese pequeño reino eres la única que tiene derecho a profanar y blasfemar. Un abrazo gigante.
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